Al día siguiente, se levantó confuso desconcertado, descolocado, como si no supiera dónde estaba ni qué hacía allí, y no es para menos se había salvado de lo que, en la mayoría de los casos, es una muerte inminente; todavía se preguntaba el porqué de su continua existencia, el por qué seguía vivo y sobre todo la razón por la cual aquel imponente camión no lo había hecho pedazos y frenó justo a tiempo. Muchas preguntas y ni una sola respuesta, hasta que encontró en uno de sus múltiples y desenfrenados pensamientos, la clave quizá hacia esa ansiada respuesta; se planteó asimismo la posibilidad de que aquella casa de torturas que estaba estudiando, que aquella preciosa mujer que conoció y misteriosamente desapareció y que aquellos misterios que nadie supo resolver, tendrían mucho que ver en lo ocurrido la anterior noche.
La curiosidad y el ansia del saber pudo con él, así que se puso en movimiento cuanto antes en su caso. En primer lugar, se acercó a aquella mansión con todo el material posible para captar cada detalle de aquella estremecedora casa.
Al entrar pudo apreciar el aroma de la tortura, del sufrimiento que impregna cada rincón , sin embargo, comenzó su amplia búsqueda y recolección de datos: fotografías, armas, huellas, sangre...todo servía, cada mota de polvo le podría acercar a su objetivo. Ya casi terminada la búsqueda, decidió acabar en el sótano, lugar que todavía no había inspeccionado. Bajó por las escaleras, crujiendo cada paso que daba la madera muerta de aquellos escalones, ya en el sótano, frente a esa oscuridad, estaba dispuesto a sacar la linterna, pero antes de que pudiera hacer nada, una fuerte ráfaga de viento cerró la puerta de golpe y alrededor de su cuello notó como un aliento frío rozaba su piel...
[Davinia Sacramento]
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