jueves, 24 de octubre de 2013

Esas preguntas que nunca se responderán - Cap. 7

Entonces se dio cuenta de que eran dos simples niños jugando por allí, entonces entró de nuevo, atravesó el baño y abrió la puerta que conectaba con una especie de salón, estaba muy oscuro por lo que tuvo que guiarse del tacto, toqueteó la pared y encontró inconscientemente un interruptor, pulsó y una pálida luz se encendió, parpadeaba a causa del paso del tiempo y del poco mantenimiento del lugar. Ángel no quería perder ni un solo minuto de esa escasa luz, así que cogió todo lo que pudo, un par de libros, planos y lo metió todo en una caja, divisó una puerta pequeña al fondo detrás de unos mapas gigantescos, los apartó y la consiguió abrir con dificultad, y justo en ese momento se apagó la luz.

-Puf...a tiempo...-Pensó él.

El pasadizo de vuelta le llevaba a una chimenea, salió de allí corriendo e intentó que nadie le viera, corrió por el pasillo cautelosamente, sin saber que la sirvienta le vigilaba.

-¡No puede ser, debería estar muerto! - Murmuró.

Ángel rápidamente entró a la habitación de invitados donde dormía él, cogió todo lo de la caja y empezó a sacarlo con el mayor cuidado posible, tendió los mapas en el suelo, separó los papeles sueltos en montones, así sucesivamente hasta solo quedar dentro unos libros, éstos los cogió y se sentó en la cama con ellos.

-Qué tenemos por aquí... - Empezó a hablar mientras abría los libros. Unos eran simple libros de lectura, empezó a ojearlos con detalle por si guardaban en su interior alguna clase de secreto o enigma, pero visiblemente no encontró nada interesante.

-A ver ¡Debe haber algo entre tanta porquería! - Estaba comenzando a enfadarse.

Pero al instante se tranquilizó, sabiendo que teniendo esa conducta no solucionaría nada, así que cogió un libro cualquiera, le quitó el polvo y vio unas letras que hizo que sus ojos se abrieran como platos: “Diario de un escritor”. Aparentemente parecía un diario cualquiera pero él sabía que guardaba algo siniestro en su interior, entonces sonrió de oreja a oreja y abrió el libro.

“Día 5- Los niños juegan alegremente por el jardín, la nueva amiguita de nuestros hijos Fernando y Miguel es muy risueña, y eso alegra la cara de nuestros hijitos, eso nos reconforta mucho...”

“Día 18- Fernando ha caido al pozo...no me lo puedo creer...ha...ha muerto...y yo no pude...evitar que fuera... y todo por ...¡Esa maldita niña!”

“Día 31- Jajaja...acabé mi pasadizo...sí...está, está justo donde mi querido hijo murió...no...está vivo...por eso hice mi pasadizo ahí, para que jueguen, sí, los 4 jugaremos, no...los 3, la niña se irá por lo que me ha hecho pasar”

-Este hombre se volvió majara...-Dijo susurrando Ángel.

“Día 49: Por fin mi hijo, a través del dolor, de perder a alguien querido, madurará, madurará y se convertirá en un gran hombre como ¡¡yo!! Será perfecto, hoy en el incendio, la mató, él la ¡mato! JAJAJA”

Al pasar la página un sobre se cae, se sorprende y lo recoge, lo mira bien y lo abre sin preocupación alguna. En su interior habían unas fotos, fotos de familia, en la que se ven el escritor, su mujer, dos niños, un perro y una niña, cuando se percató de la niña, era exactamente igual que la de sus sueños.

-No...No puede...ser -Dio la vuelta a la foto y miró que habían unos nombres escritos. Detrás de la chica estaba el nombre de Alicia, y detrás de los niños estaban Fernando...y Miguel Ángel, tiró las fotos al suelo y se llevó las manos a la cara, no podía creer lo que había visto, era ella, y ese Miguel Ángel era él, no sabía que pensar, le venían mil pensamientos a la cabeza y no podía con ellos, empezaba a sentirse mareado, cerró los ojos y recordó ese día...

Él tenía como 8 años, estaba enamorado de Alicia y no sabía si ella de él. Un día ellos jugaban al escondite en el salón, inocente él, hizo caso a su padre, que le dijo que ese extraño líquido que le había entregado hacía que patinases más rápido por el suelo y ganaras siempre, así que lo derramó tal y como dijo. Lamentablemente era gasolina, su padre desde fuera de la puerta arrojó una cerilla y empezó todo a arder, la pobre chica estaba acorralada en el armario, por lo que no pudo escapar, solo gritar.

-¡¡Miguel ayudame!!- Gritó ella.

-¡YA VOY!- Pero justo cuando fue a por ella, una explosión hizo que retrocediera y cayera por un ventanal hacia la carretera.

Tras recordar ésto, se quedó en estado de shock, no sabía que hacer ni decir, quería gritar, quería decirle que lo sentía mucho, siguió recordando y recordando escenas de su infancia y se le derramaban las lágrimas inconscientemente, hasta que de pronto notó una mano por la espalda y una dulce voz se escuchó nítidamente.

-Te perdono...

Ángel miró hacia atrás...pero no había nadie...

[Haridian Palacios, Davinia Sacramento, Alba Domínguez]

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