jueves, 24 de octubre de 2013

Huye, corre, escapa... - Cap. 3

Se dispuso a averiguar donde había caído la linterna tras el susto que le había producido el fuerte golpe de la puerta, cuando la encontró, las pilas de ésta ya no funcionaban, le dio golpes a la linterna contra la barandilla, pero nada. Cada instante le volvía más nervioso, la espesa oscuridad del sótano y el fresquito que rozaba su cuello, causaba un ligero temblor en sus piernas. Finalmente, cuando consiguió colocar las pilas y encender la linterna, la cual no era muy potente, solo alumbraba a dos metros por delante de él. Le discapacitaba para caminar y le hacía avanzar muy cauteloso y en silencio, a pesar del temblor de sus piernas. Después de haberse recorrido todo el sótano y de no encontrar nada, se dirigió a subir las escaleras, las cuales entre escalón y escalón tenía pequeños huecos, de repente vio como al alumbrar con la linterna pudo ver un pequeño resplandor, bajo rápidamente las escaleras y sé dio cuenta de que había un pequeño cuartito debajo de las escaleras, abrió la puerta con rapidez, alumbró y, lo primero que vio fue como una rata salía corriendo bajos sus pies, saltó incontroladamente y su cabeza chocó contra el techo del pequeño sótano, con el golpe cayeron varios libros de la estantería del cuartito, cada uno de ellos, eran diarios de investigación pertenecientes a un tal A. Rodríguez, no encontró ninguna otra señal de la persona a la que pudiera pertenecer esos libros, cada libro hablaba sobre los puntos débiles del cuerpo humano y la mente. Ángel, extrañado por la misteriosa información que había encontrado, quiso subir rápidamente las escaleras para ir a la oficina a averiguar de qué se trataba.

Cuando estaba saliendo de la tenebrosa casa, vio a través de una de las ventanas de esta como rápidamente un coche aparcaba al lado del suyo y un hombre con cara de exhausto, corría gritando hacía a la casa:

- ÁNGEEEL, ÁNGEEEEL SAL DE AHÍ, CORRE - Gritaba el hombre exhausto.

Ángel sorprendido con la rapidez a la que el hombre iba corriendo y por la insistencia que tenía el hombre en que saliera de la casa, se dispuso a salir por la puerta. Sé dio cuenta que el hombre que gritaba era su jefe y que dentro del coche de este había una extraña chica de aspecto familiar...


[Alba Domínguez]

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